Capítulo cuarenta y dos. ¡Secuestrado!
Oliver miró a través de la ventana del auto los edificios de la ciudad, el día era espectacular para salir de compras.
—¿Espero por usted, señor? —preguntó Ramiro minutos más tarde, cuando se estacionó en el parqueo del centro comercial.
—No sé cuánto tiempo voy a demorar, Ramiro. No me gustaría hacerte esperar, te llamaré para que puedas venir por nosotros —dijo bajando del auto antes de que Ramiro pudiera bajarse y abrirle la puerta.
—Está bien, señor Campbell, por favor no dude en llamar si