Capítulo cuarenta y cinco. Tu sexualidad no es un crimen
El cuerpo de Maya Campbell cayó sin vida sobre la tierra.
—¡Maya! ¡Maya! —gritó Ariadne, mientras caía de rodillas frente al cuerpo de su hija—¡Una ambulancia! ¡Por favor, una ambulancia! —sollozó.
La mujer quería tomar a su hija en sus brazos, pero las esposas se lo impidieron.
—Está muerta —dijo la agente que había cometido el error de no asegurar las esposas de la detenida.
—¡¡¡Nooooo!!! ¡¡¡Nooooo!!! —gritó.
Ariadne se rompió en mil pedazos al escuchar la voz de la agente. Su hija no podía e