Mundo ficciónIniciar sesiónMe siento en la cama en actitud de observador. La mujer hermosa que se me había acercado tenía una figura esbelta y un largo y sedoso cabello. Se veía que había venido dispuesta a disfrutar del sexo. Sus pezones ya estaban duros y podría jurar, sin necesidad de tocarla, que estaba toda mojada por la forma lujuriosa en que miraba a los dos hombres y a mí.
La otra se me acercó; era pelinegra, de ojos azules. Me ofreció una copa






