Mundo de ficçãoIniciar sessãoGerónimo apuntaba con su arma a la puerta, mientras cubría a Cristal con su cuerpo. Ella intentaba encontrar su arma en el bolso, pero sus manos temblaban tanto que no podía hacerlo. Cuando se levantó, vio cómo su esposo bajaba la mano que empuñaba la pistola y sonreía.
—Menudo susto me has dado, primo —dijo, respirando aliviado.—¿Desde cuándo el gran Gerónimo Garibaldi se asusta tan fáci






