Mundo de ficçãoIniciar sessãoGerónimo no dudó ni un segundo. Sus brazos rodearon su cuerpo, más firmes que nunca, como si aquellas palabras fueran un juramento grabado en piedra.
—Nada, amarte, defenderte, cuidarte —dijo, como si fuera una promesa eterna. La estrechó contra su pecho, dejando que su fuerza se convirtiera en refugio y que ninguno de sus miedos pudiera atravesar esa muralla de amor que había construido para ella. Después, con un movimiento firme, la subió encima de su cuerpo y la besó con una pa






