Abrí aterrorizada los ojos, sin poder creer lo que estaba escuchando.
—¿¡Qué mierda estás diciendo!? —gritó Lucas, con los ojos enardecidos—. ¡Marina es mi hermana! ¡Aunque no seamos de sangre, ella es quien me ha cuidado toda la vida! ¿Y tú vienes con esas porquerías?
—¡Diego! —dijo mi madre, completamente sorprendida y furiosa—. Mi hija jamás te falló. Ella y Lucas no eran hermanos biológicos, pero no merecen que los insultes así.
Diego los miró, esbozando una sonrisa irónica.
—Ustedes sabrán