Nunca imaginé que al día siguiente Lucas volvería al hospital. Entró en silencio, caminó directo a la habitación y agarró enfurecido a Diego por el cuello de la camisa, arrastrándolo fuera sin decir una palabra.
—¿Qué te pasa? ¿Ya se te corrió la teja? —gritó descontrolado Diego, tratando de soltarse.
—Tú decías que no creías que mi hermana estuviera muerta, ¿verdad? Pues hoy la vas a ver con tus propios ojos —respondió Lucas, serio, sin soltarlo ni un segundo.
—¿Qué demonios estás haciendo ahor