NATASHA
—Cuando salgamos de esta, recuérdame cortarle las pelotas a estos tipos, en especial a ese gran idiota —murmuro Antonella. Ya se había retirado el vendaje de los ojos.
Estaba cansada, ni siquiera podía hablar o soltar un quejido, incluso mis ojos se estaban cerrando por sí solos, ya no me podía mantener firme.
—Lo siento —dije en voz baja. —Tal vez no aguante mucho…
—¿Qué? No, eso no. Debes estar consiente, tenemos que salir de aquí y yo no podré sola con las dos, te necesito.
Sacudí la