NATASHA
—Camina, perra —masculló ordenándome Narkissa.
No sabía a donde se habían ido todos y porque esta mujerzuela me hablaba así mientras me apuntaba con un arma. Sin embargo, obedecí, no quería terminar muerta y en sus manos de ella.
—¿A dónde me llevas?
—Las preguntas las hacemos nosotros, no tú. Ahora sigue caminando. —Me empujó, y casi caigo de bruces.
Cómo pude me mantuve firme a pesar de haber estado muy débil hace minutos atrás. Amanecí con un dolor muy fuerte en el vientre, después c