ALESSIO
—¡En el mío! —vociferó Iván cuando salía de la mansión. Se refería a su auto.
—¡En dónde sea, pero ya muévanse! —gritó mi padre antes de subirse a su auto.
Salió dejando una estela enorme de polvo, por la velocidad que iba conduciendo.
Corrí hasta el auto de Iván, y me trepé en el asiento trasero. Leo iba enfrente.
—¿Quién se fue con mi padre? —pregunté, Iván ya estaba saliendo de las instalaciones del castillo.
La valla alta ya estaba abierta, salían varias camionetas en las cuales iban