NATASHA
—¿Por qué?… —Abrió esos labios tan suaves y habló despacio a la vez que me comía con la mirada. —¿Por qué regresaste?
Ahora entendía su pregunta, ¿pero qué él no sabía la respuesta?
—No me dieron a elegir —contesté.
—Ya no necesitas fingir conmigo, —sonrió con amargura. —Di que le lloraste a mi madre para conseguir su lástima y así mi padre alargue tu futura tortura. A mi madre suele ser muy caritativa, pero creo que eso ya lo sabes.
Mi garganta se contrajo con una extraña necesidad de