ALESSIO
—¡Joder! — grité tan alto cómo pude, me encontraba afuera en la terraza de mi habitación.
—¿Hermano? —ni quisiera había escuchado los pasos de mi hermana al entrar a la habitación. —¿Podemos hablar?
Suspiré hondo y luego de unos segundos me giré para verla. Asentí, ella se acercó y apretó mi brazo en modo afectuoso.
—Que sea breve, no tengo cabeza para nada —dije.
No quería ser duro con ella, sin embargo, no quería hablar ni ver a nadie, mi madre también me lo había pedido, luego de hab