ALESSIO
Entre de prisa a casa, los gritos se escuchaban hasta afuera, eso dejaba claro que mi padre ya se encontraba aquí.
En cuanto cruce la puerta, Antonella me embistió en la estancia. Los gritos venían de la parte de arriba.
—Por fin llegaste, todo aquí es un maldito desastre. Papá está a casi nada de derribar nuestra casa. No tengo ni idea que le ha hecho ponerse así. Parece un demonio —dijo todo rápido y alterada.
—No parece, es un demonio —corregí.
—No estoy para bromas ahora, Ale —se que