El primer disparo no fue hacia ellos, sino al cielo, una advertencia. Julián levantó las manos, hablando con uno de los jefes del retén. Emma no podía escuchar las palabras exactas, pero sí la actitud: estaba negociando. Estaba entregándolos.
—¡Nos vendió! —gritó Mateo desde la otra camioneta, sacando su arma.
Alejandro reaccionó de inmediato.
—¡No dispares! ¡Clara está aquí!
La tensión era insoportable. Emma apretaba la mano de Lucía, que temblaba pese a su fuerza interior. Era como si revivie