Mundo ficciónIniciar sesiónEl sol apenas estaba subiendo cuando las puertas del hospital se abrieron y Emma entró corriendo, con Alejandro desmayado entre sus brazos. Su ropa estaba empapada, la piel manchada de sangre, y la respiración del hombre que amaba era inexistente.
Ricardo gritó por ayuda.
La niña desconocida lloraba, cubierta por una manta.







