OLIVIA
A la mañana siguiente miré mi reflejo en el espejo luego de haber lavado mis dientes observandome detenidamente. Mi piel ya había dejado de ser tan pálida, pero aún seguía siéndolo levemente y las ojeras ya no se marcaban tanto bajo mis ojos miel.
Mis mejillas tenían un sutil color rosado y mis labios ya no estaban resecos.
Definitivamente estos pocos días que llevaba aquí me habian ayudado a mejorar, la comida era exquisita y pese a que comía tres veces al día aún podía notar mis clavi