IVAR
Mi rodilla rebota sin parar mientras escucho a Joaco hablar sobre el trabajo de anoche. Todo habia salido a la perfección como siempre, así que no entendía el porque estabamos aquí ahora, cuando perfectamente podria estar acostado con mi hermosa compañera.
–¿Creés que esté bien? –preguntó Egon.
Mi ceño se frunció y me enderecé un poco en la silla colocandome ligeramente en alerta.
–¿Por qué no lo estaría? –pregunté–. Está en casa, segura.
–Las Omegas necesitan a sus compañeros cerca –dij