OLIVIA
El trayecto a casa fue rapido y en un silencio cómodo, su aroma me envolvió y la parte que pertenecía a él dentro de mí estaba finalmente en paz. Apenas llegamos bajamos del auto y caminamos hacia la puerta principal, el sol ya estaba bajo asi que asumiría que eran pasado las 6 de la tarde.
Mi cuerpo estaba agotado y un bostezo se me escapó cuando los guardias abrian las puertas.
–Ve a descansar si quieres –dijo Iker dandome espacio para entrar–. ¿Pido que suban tu comida?
Entré a la mansión con el pisandome los talones y volteé a verlo.
–¿Tú comeras? –pregunté.
Negó con la cabeza y se quedo parado a los pies de la escalera.
–Entrenaré un poco y quizas luego cene, aún no lo sé.
–Oh –susurré volviendo a bostezar–. ¿Y…puedo comer arriba? –pregunté timidamente–. ¿Está permitido?
Iker me observó un momento y se acercó acelerando mi corazón cuando una de sus manos se estiró rozando con su dedo índice mi mejilla suavemente.
–Puedes hacer lo que quieras –dijo con suavidad–. Sube,