OLIVIA
Mi conciencia comenzó a volver en sí cuando unos pequeños aleteos rozaban mi mejilla, me removí comenzando a sentir el calor del sol en mi cuerpo y poco a poco fui distinguiendo que los aleteos eran caricias de unos dedos que me tocaban con suavidad.
Me acomodé ligeramente volviéndome consciente de mi entorno y caí en cuenta que seguía en el patio bajo el sol.
Sonreí sin abrir los ojos y me acerqué hacia aquella caricia en mi rostro.
–Amor…debes despertar –una voz masculina llegó a mi