Annelise no tenía ni la menor idea de cómo aportar a esa excursión y lo único que hizo fue quedarse sentada junto al fuego a observar al par de hombres hacerse cargo de preparar el almuerzo de manera salvaje, como si vivieran en aquel lugar.
Y al parecer, no estaba tan mal si le agarrabas el ritmo porque era emocionante.
Pavel preparó café mientras Aleksei se encargó de calentar la comida enlatada y pollo que había llevado para comer.
—Asumo que vienen a menudo aquí, ¿verdad? —observó Annelise,