El primer rayo de sol apenas se colaba entre las cortinas cuando abrí los ojos. Emily dormía a mi lado, con el rostro relajado y su cabello desparramado sobre la almohada. Me permití contemplarla por unos segundos. Su respiración pausada contrastaba con el peso que oprimía mi pecho. No podía seguir callando. Era momento de decirle la verdad. Leónidas y yo habíamos tomado una decisión… y ella debía saberlo.
Me incorporé con cuidado, intentando no perturbar su sueño. Sin embargo, Emily se removió