La celebración estalló a nuestro alrededor con una energía vibrante. Luces danzaban en el aire, mezclándose con el fuego de las antorchas y los destellos de magia que los brujos liberaban en forma de destellos dorados. Los lobos aullaban al cielo, celebrando con fuerza, mientras la música retumbaba en el suelo bajo mis pies.
Arthur nunca soltó mi mano.
Sentía el calor de su piel contra la mía, firme y cálido, mientras nos movíamos entre los invitados que reían, bailaban y alzaban copas en honor