Estaba cansado. Cansado de las peleas, de las traiciones, de las miradas desafiante, de las decisiones que siempre cargaban con el peso de la vida o la muerte. Pero no podía permitir que mis pensamientos nublaran el trabajo que tenía que hacer. La amenaza de Alaric era real, y sabía que estaba esperando el momento exacto para hacer su jugada. Así que, después de la charla con Emily, decidí poner en marcha lo que había comenzado. El aquelarre necesitaba estar listo. Necesitábamos entrenar, forta