La tarde continuó su curso, y aunque había planeado mantener una distancia emocional, encontré que estar en compañía de Emily era… interesante. Eso, o estaba perdiendo el juicio.
Habíamos terminado de comer el helado, y ahora caminábamos por el parque, sumidos en una conversación trivial que giraba en torno a los gustos personales de Emily.
—¿Entonces, prefieres los gatos o los perros? —le pregunté, sintiéndome un poco ridículo por preguntar algo tan mundano.
Emily me miró con sorpresa y dive