Liam
El silencio después de esas palabras me devora, se despliega en el patio como una bestia hambrienta, una tensión palpable que se pega a mi piel, que se hunde en mis huesos, y siento mis músculos vibrar como cuerdas a punto de romperse. Kael ya no se mueve, pero su inmovilidad es la de un depredador, una espera calculada, un juego donde ocupa la posición más peligrosa, porque sé que en cualquier momento puede abalanzarse sobre mí, y siento esa amenaza latir como un segundo corazón en el air