Liam
El silencio que sigue a su partida no tiene nada de apaciguador, ruge en mi pecho como una marea a punto de arrasarlo todo, vibra en mis huesos como una amenaza sorda, y cuanto más dura, más me estrangula. Kael se ha alejado unos pasos, pero sigue ahí, macizo, inmóvil, su sombra pegada a la mía, un peso que me impide respirar. Siento la mano de mi madre en mi brazo, firme, pero ligeramente temblorosa, como si ya supiera que nada podrá evitar lo que está por venir, como si ya no fuera más q