Neriah
El aire está saturado, demasiado denso para mis pulmones, como si la cabaña se hubiera convertido en un sepulcro viviente. Cada inspiración me quema, cada expiración me cuesta, y sin embargo sigo respirando, jadeante, la espalda pegada a la pared rugosa, mis dedos crispados en la madera partida como si ese contacto pudiera anclarme, retenerme de ser absorbida por la tormenta que ruge frente a mí.
Kael está ahí, de pie, erguido, su silueta inmensa proyectada sobre las tablas temblorosas p