Kael
Cada fibra de mi cuerpo está tensa, cada músculo vibrante de rabia y deseo. Neriah está contra mí, frágil pero ardiente de resistencia, y siento su aliento, su calor, su corazón latiendo con fuerza contra mi pecho, consumiéndome más que el fuego que ilumina la cabaña detrás de nosotros. La noche afuera se presenta hostil, pero nada alcanza la intensidad de esta tormenta interior que me aplasta y me empuja a actuar.
La agarro, la levanto con fuerza y brutalidad, presionándola contra mí para que no se escape. Sus gritos de sorpresa y rechazo se mezclan con los relinchos de los caballos que golpean el suelo como un tambor de guerra. El viento se cuela en mi cabello, las llamas de la cabaña iluminando una última vez su rostro tensado por el miedo y el deseo, y siento que todo puede cambiar en el segundo siguiente.
— ¡Agárrate fuerte! murmuro en su mente, y siento su cuerpo estremecerse bajo la magnitud de mi orden, su voluntad vacilando entre la resistencia y la fascinación.
Raal nos