Kael
Cada fibra de mi cuerpo está tensa, cada músculo vibrante de rabia y deseo. Neriah está contra mí, frágil pero ardiente de resistencia, y siento su aliento, su calor, su corazón latiendo con fuerza contra mi pecho, consumiéndome más que el fuego que ilumina la cabaña detrás de nosotros. La noche afuera se presenta hostil, pero nada alcanza la intensidad de esta tormenta interior que me aplasta y me empuja a actuar.
La agarro, la levanto con fuerza y brutalidad, presionándola contra mí para