Neriah
El silencio sigue ahí, denso, casi material, como una tela oscura que podría rasgarse si uno se atreviera a deslizar los dedos.
Kael y Liam no se mueven. Sus respiraciones siguen sincronizadas, pero más por obligación que por instinto, como si se forzaran a no romper un equilibrio precario.
Los miro uno tras otro, y esta vez no busco romper su mutismo. Espero. Porque siento que algo ha cambiado en sus posturas. No mucho. Solo lo suficiente para que ya no sea exactamente el mismo cara a