Neriah
El silencio sigue ahí, denso, casi material, como una tela oscura que podría rasgarse si uno se atreviera a deslizar los dedos.
Kael y Liam no se mueven. Sus respiraciones siguen sincronizadas, pero más por obligación que por instinto, como si se forzaran a no romper un equilibrio precario.
Los miro uno tras otro, y esta vez no busco romper su mutismo. Espero. Porque siento que algo ha cambiado en sus posturas. No mucho. Solo lo suficiente para que ya no sea exactamente el mismo cara a cara que antes.
Liam finalmente habla. Su voz es baja, áspera, como si hubiera pasado demasiado tiempo guardada.
— Hay… alguien que podría saber.
Kael gira ligeramente la cabeza hacia él, no lo suficiente para ofrecerle una mirada directa, pero lo suficiente para señalar que está escuchando.
— Mi madre.
La palabra cae como una piedra en el agua, pesada, irremediable.
Siento a Kael tensarse, un músculo de su mandíbula tiembla.
— Ella sabe cosas, continúa Liam, sus ojos fijos en un punto del