Neriah
No se mueven.
Sus pechos se elevan lentamente, al unísono pero a regañadientes, como si incluso respirar al mismo ritmo los pusiera en peligro, como si reconocer esa respiración común fuera ya ceder algo que se niegan a dejar ir.
Kael mantiene la mandíbula apretada, los ojos fijos en mí pero no en mí, como si me hubiera vuelto transparente y buscara a través de mi piel un punto de anclaje para no caer. Liam, por su parte, me mira directamente, pero siento que no me ve a mí, ve a Kael det