NERIAH
La sala de reuniones está bañada en una luz blanca, casi cruda, que resbala sobre las superficies frías y lisas de la gran mesa de vidrio. Los rostros a mi alrededor están concentrados, absortos en números, gráficos, proyecciones del futuro, pero también en una especie de rutina mecánica. Sus voces se entrelazan en un murmullo profesional, monótono.
Estoy allí, sentada recta, con la espalda rígida, inmóvil en ese sillón. Pero mi mente está en otro lugar, lejos. Desgarrada entre un miedo