LIAM
El sol se oculta detrás de las hojas, dejando que la casa se sumerja en una penumbra fría, casi irreal. La luz azulada se vuelve escasa, el crepúsculo se desliza lentamente, arrastrando su velo de duda sobre cada rama, cada piedra.
Permanezco inmóvil en los escalones, las manos temblorosas, como si el más mínimo impulso pudiera romper un equilibrio frágil, una verdad aún demasiado pesada para llevar. Mi corazón arde en mi pecho, late tan fuerte que temo que explote, que rasgue mi caja torá