KAEL
En la oscuridad de la noche, una brisa fresca acaricia la cima de los árboles, susurrando secretos que solo el bosque conoce. En el corazón de esta inmensidad, permanezco inmóvil, en un equilibrio frágil entre dos mundos.
Mi aliento se mezcla con los murmullos del viento. Cierro los ojos, tratando de penetrar el velo que nos separa. Un lazo invisible, antiguo, me tira hacia ella. Nerya.
La siento, incluso a esta distancia. Un calor que palpita en mis venas, una melodía que solo mi alma pue