LIAM
No entiendo.
La miro vestirse en silencio, como un autómata. Su rostro está cerrado, sus movimientos son rápidos, casi mecánicos. No me mira. Ni una sola vez.
Y, sin embargo, la conozco. Cada estremecimiento de su piel. Cada pliegue de su silencio.
Pero aquí… es como si una extraña hubiera tomado posesión de ella.
Quiero extender la mano, decirle que se quede, decirle que está a salvo, aquí, conmigo.
Pero siento, en el fondo, que es inútil.
— Nerya… espera.
Ella abre la puerta.
Se detie