NERYA
Tiemblo.
Sin razón.
La respiración entrecortada. Las manos temblorosas. La garganta seca.
Estoy aquí, tendida sobre las sábanas aún arrugadas, la piel húmeda de un placer reciente, las piernas adormecidas, el cuerpo todavía mecido por un calor... y, sin embargo, todo en mí se contrae.
No es deseo.
No es la ternura que se detiene.
Es miedo.
Sordo.
Primal.
Una sacudida profunda, inexplicable, como si algo se hubiera desgarrado en otra parte, pero el eco me atravesara, a mí, aquí, ahora.
Un