Nerya
No sé en qué momento dejé de luchar.
Quizás cuando su mano se posó sobre mi vientre, caliente, lenta, como si quisiera enseñarme a respirar de otra manera.
O quizás antes. Cuando nuestros labios se reconocieron. Cuando nuestros silencios se besaron.
Estoy acostada contra él. Desnuda bajo su camisa, sus brazos alrededor de mí, y el mundo ha desaparecido. No hay más torre. No hay más estrategia. No hay más miedo.
Solo él.
Liam.
Su olor. Su aliento. Su piel. Esa mezcla de fuerza bruta y de c