KAEL
Me quedé congelado.
Claro.
El corazón latiendo a punto de desgarrarme el pecho.
Un suspiro.
Un crujido en el aire.
Un destello ardiente en la columna.
Y el mundo se desvaneció a mi alrededor.
Estaba allí, de pie en el bosque, descalzo hundido en el musgo húmedo, la frente cubierta de sudor, listo para aullar a la luna cuando sucedió.
Lo sentí.
No como un simple escalofrío.
No.
Como una deflagración.
Una desgarradura.
Un grito sin garganta.
Un fuego que se enciende en las entrañas, pero no