Liam
Ella estaba allí.
Detrás de la pared de cristal. Hermosa hasta morir. Impermeable. Perfecta. Y, sin embargo, durante un segundo, vi. La máscara tembló. Una grieta, minúscula, casi invisible. Pero la vi. Porque la conozco.
Porque ella ya me ha mirado sin armadura, en otra época.
No me moví. No lo necesité. El silencio habló por mí. La inquietud en sus pupilas. Ese latido bajo su garganta. Ella entendió. Que no había venido por casualidad. Que nada de lo que hago es nunca debido al azar.
Ner