Tina cerró tras de sí y se dejó caer al piso con lentitud, la ansiedad haciendo latir con fuerza inusitada a su corazón. Su cerebro había abierto compuertas que quería tener selladas, y los amargos recuerdos fluían veloces, casi como una película de terror. Endureció la mandíbula y entrechocó sus dientes, y maldijo a Jace Monahan por cuestionarla, por querer saber más y ayudarla.
Ese hombre bello no tenía idea de la podredumbre que era su vida. Huiría sin mirar atrás si lo supiera. Apretó las c