Él escuchó un buen rato y Tina sintió que el tiempo se detenía, hasta que lo observó distender sus músculos y aflojar la mandíbula, mientras la miraba y ofrecía una sonrisa.
—Lo atraparon. Funcionó tal y como lo previeron.
Ella sintió que las piernas se le aflojaban y se tomó de una de las sillas altas, donde se apresuró a sentarse. Habían atrapado al maldito bastardo. Lo tenían. Se tapó la boca con ambas manos para contener un sollozo, y Jace corrió hacia ella y se hincó entre sus rodillas, mi