CAPITULO 104 ¡Es hermoso! estoy feliz de estar aquí, la vamos a pasar genial.
Pronto estuvieron en una carrera hacia el clímax, y cuando ella sintió que su orgasmo estallaba desde su centro, echó la cabeza atrás y casi sollozó de placer, uno que se volvió frenético cuando sintió que él se corría en su mano y su semilla bañaba su bajo vientre. Agitados, saciados, se abrazaron, y él tardó poco en levantarla y llevarla en andas hasta el lecho, donde la tendió. Sentado a su lado, la miró y sonrió.
—Te voy a dar un respiro breve, considéralo un cese al fuego temporal. La conq