Alentado por la ansiedad obvia de su público, Kaleb desprendió su cinto y luego bajó la cremallera, lento, muy lento. El pantalón descendió hasta sus tobillos y en un movimiento fluido se lo quitó, pateándolo sin ceremonia a un costado. Casie contuvo la exclamación.
Frente a ella, Kaleb se alzó en toda su desnuda gloria, la boca distendida en una sonrisa pícara, sabiendo que ella estaba pegada a la visión de su bóxer blanco, que no dejaba mucha duda acerca de lo dotado que era. Era magnífico, t