Sus manos le separaron las piernas y se zambulló para mordisquear y lamer su centro aún protegido por la sencilla textura del algodón. Sintió su humedad y el calor de su boca y toda ella se estremeció desde su centro. Su dedo corrió la tela y su lengua se deslizó por su piel, explorándola con rápidas lamidas que se concentraron luego sobre su punto más sensible.
Casie gimió y apretó sus rodillas contra la cabeza del que la comía como si fuera un buffet de lujo, tratando de llevarlo más adentro,