Capítulo 13: Mentiras que sangran
Esa mañana había llegado sin haber sido realmente una noche agradable. Nerina Vassiliou llevaba horas despierta, mirando el techo de su habitación mientras la oscuridad se diluía poco a poco en tonos grises tras los ventanales de cristal. No había conciliado el sueño ni un solo minuto. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de la oficina de su padre regresaba como una bofetada: su expresión de incredulidad, el intento torpe de justificarse y la voz temblorosa cuando ella pronunció la palabra demanda sin titubear.
No se arrepentía de lo que había hecho, pero dolía. Dolía recordar que aquel hombre que debía protegerla fue el primero en señalarla como una ladrona. Que permitió que su nombre fuera arrastrado por el barro, que su madrastra y su querida hermanastra la miraran con desprecio, como si siempre hubieran estado esperando la oportunidad de verla caer. Claro que lo hacía, ellas fingían ser buenas personas, pero en realidad solamente querían quita