Capítulo 13: Mentiras que sangran
Esa mañana había llegado sin haber sido realmente una noche agradable. Nerina Vassiliou llevaba horas despierta, mirando el techo de su habitación mientras la oscuridad se diluía poco a poco en tonos grises tras los ventanales de cristal. No había conciliado el sueño ni un solo minuto. Cada vez que cerraba los ojos, la imagen de la oficina de su padre regresaba como una bofetada: su expresión de incredulidad, el intento torpe de justificarse y la voz temblorosa