El Juego Detrás del Juego
El reloj del despacho marcaba las 07:45 a.m. El cielo sobre Nueva York apenas se teñía de azul, pero en la cima de la Torre Whitaker ya comenzaban a moverse los engranajes del poder.
Callum no dormía mucho. Nunca lo necesitó.
Estaba sentado en su escritorio, revisando informes de distribución de fin de trimestre, cuando Eliot Ashford entró en completo silencio, como una sombra eficiente. Llevaba un portapapeles digital sujeto con una mano, pero el gesto leve de su ceja