Al ver la satisfacción en el rostro de Catarina, Betane se dio cuenta de que la mentira había colado a la perfección. Catarina, en su arrogancia, estaba convencida de que Isabela no pasaba de ser una desempleada sin rumbo.
— ¿Por qué Isabela estaría trabajando aquí? ¿Acaso alguien la recomendó para un puesto gerencial? — preguntó Catarina, con un tono de falsa preocupación que escondía un profundo desdén.
Betane sonrió, manteniendo el misterio: — De eso no sabría decirle, Directora. Yo solo est