En las últimas veinticuatro horas, Armando había movido montañas.
Un contacto en el área médica —alguien que le debía suficientes favores como para no hacer preguntas— había confirmado que vio a Isabela, seis años atrás, en un hospital bajo la administración de la familia Rens, en un estado avanzado de embarazo. Armando acudió personalmente al nosocomio, sobornó a un gerente de logística con la precisión de quien ya ha hecho eso antes, y salió con imágenes de vigilancia que no dejaban espacio p