Las puertas del anidado se abrían para mi y para mi hermano una vez más, no me había llegado a imaginar que podría regresar a aquel lugar y en aquellas condiciones. El lugar estaba lleno de guarda espaldas vestidos con trajes negros y armas bien expuestas.
—¿Qué está pasando en este lugar? —le pregunté a Alexander mientras avanzábamos por el corredor de reja, él miró en todas direcciones.
—Bueno, la verdad no sé, si dices que la señora Amelia está en líneas rojas con Jábico pues parece que se e