Después de los diez o quince minutos más largo de mi vida, la lancha al fin se detuvo igual que mi corazón. Pasé saliva más que visiblemente nervioso, y al ver a Jefferson no tuve que detenerme a observarlo para intuir que se encontraba igual.
—Todo va a estar bien — dijo él en un susurro.
—Ya me he dicho eso millones de veces, y Créeme, nada quiere mejorar —hablábamos en medio de susurros.
—Si este plan funciona y conseguimos la pista, te prometo que sí.
—No hagas promesas que no puedas cumpli