26. Un punto ciego
Estaba de pie frente al espejo de la lujosa habitación observando mi cuerpo tras haberme duchado. El camisón de seda gris se deslizaba por mi piel como una caricia; sedoso, pero a la vez demasiado frío, denotando el estado inquieto de mi corazón.
La luz de la luna se reflejaba en el océano inmenso a través de los ventanales, creando una escena casi mística. La villa privada a la que me había traído Kedar era extremadamente hermosa: un paraíso verde, rodeado de la sofisticación propia para un ho